BIOGRAFIAS PERSONAJES HISTORICOS

1.- LUCANO
2.- SENECA
3.- NERÓN
4.- POPEA
5.- AGRIPINA LA MENOR (Madre de Nerón)
6.- ESPORO
7.- JULIA Y POLA



LUCANO (Marco Anneo)

Lucano. Marco Anneo Lucano

Córdoba 39 - Roma 65 . Poeta
Nacionalidad: Romana

             De origen hispano y sobrino de Séneca, Marco Anneo Lucano es una de las figuras más controvertidas del reinado de Nerón al oscilar sin pudor entre la adulación al emperador y el odio absoluto que le llevó a participar en una conspiración contra Nerón. Descubierta dicha conspiración, Lucano intentó acusar a su madre para salvar su vida, pero el emperador le ordenó que procediera al suicidio y el poeta se cortó las venas.

                  La producción poética de Lucano tuvo una gran importancia en la época medieval, a pesar de sólo conservarse una de sus obras, el poema épico titulado "Farsalia", donde narra las guerras civiles de César y Pompeyo.

Biografía

                  Su padre, Marco Anneo Mela, era hijo de Marco Anneo Séneca y pertenecía, por tanto, a la clase de los caballeros. Su madre, Acilia, era hija de un conocido orador. A los ocho meses, su padre se traslada con toda la familia a Roma, ciudad en la que había residido durante mucho tiempo a lo largo de su vida y donde su tio, el filósofo Séneca, tenía adquirida una notable fama. Sin embargo, este último, en el 41 tuvo que sufrir el exilio en la isla de Córcega, del que regresó en el año 49 decidido a ocuparse de la instrucción de su amado sobrino.

                   En el caso de este escritor latino, nacido en la Península Ibérica, se da la circunstancia de una extremada precocidad, que le llevó a ser poeta laureado a temprana edad, junto a una gran capacidad productiva, que se vio violentamente truncada por su muerte a los veintiséis años. Su considerable obra estaba compuesta, entre otros títulos, por Ilíaca, Saturnalia, Catachtho-mony y Silvas; una tragedia, Medea; 14 libretos de pantomimas concebidas para el baile; un escrito dirigido a su joven esposa, Pola Argentaria, etc. Sin embargo, hasta nosotros ha llegado únicamente su epopeya en 10 cantos sobre la guerra civil entre César y Pompeyo, que lleva el título de Farsalia.

                    A los dieciséis años, Lucano era ya autor de tres composiciones y podía declamar en latín y griego. Marchó a Atenas en un viaje de instrucción, pero tuvo que regresar pronto ante los requerimientos del propio Nerón, que le concedía por entonces toda su estima y le incluyo en su «cohors amicorum», es decir, su círculo de amigos. A los veintiún años recibió la dignidad de poeta laureado, y Nerón le nombró cuestor antes de haber cumplido la edad reglamentaria.

                    Pronto, sin embargo, la vesánica conducta del emperador cambio de signo para él, prohibiéndosele realizar lecturas públicas y cayendo así en desgracia a partir de ese momento. Durante los siguientes cuatro años, desde el 62 al 65, Lucano no se limitó a alternar sus escritos con composiciones satíricas y acusadoras contra el emperador y sus colaboradores, sino que llegó a participar activamente en la conjura de Pisón que se estaba mientras fraguando contra Nerón.

                   Cuando la conspiración fue descubierta, a causa de la imprudencia de alguno de los implicados, según el testimonio de Tácito y Suetonio, Lucano hubo de sufrir crueles interrogatorios, a lo largo de los cuales negó, admitió y se retractó alternativamente de sus culpas. Aunque estos testimonios no son demasiado dignos de crédito, al parecer llegó incluso a acusar a su propia madre para disminuir sus responsabilidades. Lo cierto es que, tras recibir su condena a muerte, cuya forma de ejecución fue dejada a su elección, asumió una actitud digna y, en el mejor ejemplo de estoicismo posible, se cortó las venas el 30 de abril del año 65, y expiró recitando unos versos en los que había descrito el fin de un soldado que sufría su misma muerte, versos estos que no han llegado hasta nosotros.

  + DATOS

         Marco Anneo Lucano nació en Córdoba el año 39 d.C. y murió en el año 65. De ilustre linaje, pertenecía a la familia de los Sénecas. Era hijo de Anneo Mela, nieto de Séneca el Retórico y sobrino de Séneca. Muy joven fue llevado a Roma, donde se educó. Fueron sus maestros el gramático Remio Palemón, el retórico Virgilio Flavo y el filósofo estoico Anneo Cornuto. Su tío Séneca, al regresar del destierrro, se encargó de la educación del joven Lucano, al que colocó junto a Nerón, de quién fue nombrado preceptor. La afición por la poesía y la similar edad contribuyeron a cimentar entre ambos jóvenes una firme amistad, solo rota después por la rivalidad poética.

          Al subir Nerón al trono, Lucano fue llamado a la corte, y apenas revestido de la pretexta, fue nombrado cuestor del príncipe y más tarde augur. El poeta agradeció estas concesiones con un Elogio a Nerón , presentado a un concurso literario y que constituyó uno de sus primeros éxitos.

          A los veinte años, Lucano había llegado a la cúspide de la fortuna y de la celebridad. Se distinguía como orador, como poeta épico y como autor dramático. En aquella época, mientras comenzaba a gestar su Farsalia , compuso la epopeya Príamo recobrando los restos de Héctor, el poema Incendio de Roma y una tragedia que obtuvo un gran éxito. Esto excitó la envidia de Nerón. Un poema de Lucano titulado Bajada de Orfeo a los Infiernos, obtuvo los aplausos y el premio en un concurso en el que tomaba parte el emperador con un poema describiendo las transformaciones de Niobe. Ello provocó las iras de Nerón que prohibió al poeta volver a declamar en público y significó la ruptura de aquella amistad que comenzó en la infancia.

         Lucano no se resignó a la desgracia y tornó en groseros insultos, todas las alabanzas que prodigara a Nerón, llegando incluso a participar en la conjura de Pisón, tramada en Roma en el año 65 de nuestra era. Descubierto el complot fueron detenidos Séneca, Lucano y su madre Acilia. El poeta negó al principio toda complicidad, pero a la vista del tormento que le preparaban y ante la esperanza de salvar la vida, llegó a denunciar a su propia madre. Ello le valió la gracia del emperador de elegir la clase de muerte. Como Séneca, pidió abrirse la venas, y mientras la vida abandonaba su cuerpo, recitó con fogosidad sus propios versos. Murió a la edad de veintiseis años.

         A pesar de su corta de vida su labor poética fue fructífera. Compuso un gran número de poemas de los cuales sólo conocemos: El Incendio de Troya, El Catálogo de las heroínas, la Lira de Héctor, Orfeo, Las Saturnales, las Sylvas, en 10 libros, y una tragedia titulada Medea, de todas las cuales se salvó únicamente el poema épico-histórico Farsalia.

         Esta obra tiene por tema la guerra de César y Pompeyo, desde el principio hasta el sitio de Alejandría. Sin duda alguna el poema está inconcluso, pues el décimo y último canto acaba en medio de una narración., y parece natural que el poeta tuviera el propósito de incluir en el poema la famosa batalla que le da nombre. En este poema Lucano desarrolla el argumento sin separarse de la historia y siguiendo el orden cronológico. Es por lo tanto un poema épico-histórico.

         Menéndez y Pelayo en su Historia de la Poesía Castellana en la Edad Media afirma: "¿Quién ha de negar que la Farsalia, además de haber sido para los modernos el tipo de la epopeya histórico-política, era un poema novísimo por el alarde y el abuso del detalle pintoresco, por la entonación solemne y enfática, por el pesimismo sentencioso y principalmente por la concepción de lo divino, tan diversa de la concepción homérica y virgiliana? Poema abstracto y triste el de Lucano, árido en medio de la afectada prodigalidad de color; poema sin dioses ni ciudad romana, pero henchido de misteriosos presentimientos románticos, y alumbrado de vez en cuando por la misteriosa luz de las supersticiones druídicas y orientales. Recuérdense los terribles cuadros de la hechicera de Tesalia y de la evocación del cuerpo muerto, o bien los prodigios del bosque sagrado de Marsella, y se comprenderá hasta qué punto es poeta moderno Lucano, y que no ha sido mera ingeniosidad de la crítica el suponer que, no ya solo el arte de Góngora, sino el arte de Víctor Hugo, se hallan en él en germen".

A propósito de la muerte de Lucano

"A propósito de La muerte de Lucano, cuadro de J. Garnelo"

por Juan J. Cienfuegos

 
Quelli è Omero poeta sovrano

l'altro è Orazio satiro che viene;
Ovidio è il terzo, e l'ultimo Lucano

(Dante, Inferno IV. 88-90)

 
Este cuadro1 de J. Garnelo se me antoja singular por muchas cosas, pero llamo la atención en este momento sobre dos. Primero, su pésimo estado de conservación y, segundo, que, en una época en que Lucano no interesaba nada ni en España ni en Europa2, lo eligiera el pintor para una composición suya.

Garnelo pinta la muerte del poeta cordobés tal vez influido por su padre, que tiene un cuadro con el mismo tema3, o bien atraído por la propia romántica figura de Lucano, de aquel favorito primero y enemigo después del imprevisible emperador Nerón. No estará demás que se conozcan algunos detalles de esta escena para que el espectador con ellos en la mano pueda extender sus reflexiones más allá de lo que permite la mera contemplación del cuadro. Con este ánimo y en pro de la recuperación de este cuadro de Garnelo escribo, sabedor de que en este caso, como casi siempre, no hay nihil novi sub sole.
 
Es bien sabido que el poeta cordobés Marco Anneo Lucano murió a los 25 años en Roma, acusado por el emperador Nerón de estar, junto con otros, entre ellos su tío Séneca, en la llamada conspiración de Pisón (65 d.C.). La historia de esta muerte presenta unos ribetes indudablemente dramáticos pero al mismo tiempo ilustra de una manera jocosa si se quiere una relación de poetas llena de celos y envidias, aviso que será para todos aquellos que se atrevan a ofender a un príncipe metido a artista. En el año 54 d.C. Nerón, que es dos años mayor que él, enterado del talento de aquel prodigio cordobés de 15 años, lo hace venir de Atenas y lo incopora a su cohors amicorum. En las tertulias poéticas del Palacio brillan y rivalizan entre ellos, Nerón y Lucano.
 
En el año 60, Nerón, como no podía ser de otra manera, gana el concurso de poesía de los juegos quinquenales llamados Neronia. Pero el vencedor moral fue
Lucano con unas Laudes Neronis por las que su todavía amigo lo premia con un nombramiento político. Es el momento del apogeo de la estrella de Lucano en la corte de Nerón. Con 21 o 22 años es íntimo amigo del emperador, es un poeta reconocido y, para colmo, cuestor y augur. Mas, si rápida llegó la gloria, más rápido viene el desastre. Entre el joven emperador degenerado y el orgulloso poeta, enamorado de la libertas, irremediablemente tenían que saltar chispas y saltaron. El emperador intenta acallar la fama del poeta llegando incluso a prohibirle la publicación de sus su obras4.
 
Lucano, sin embargo, no se doblega, sino que devuelve el golpe componiendo poemas contra el emperador y sus poderosos amigos. Así estaban las cosas cuando en cierta ocasión, en medio de una lectura de Lucano, Nerón se marcha de manera ostensible, alegando que necesita tomar el aire. La respuesta de Lucano llega enseguida. Un buen día entra en unas letrinas públicas y mientras desahoga ruidosamente su vientre recita el siguiente verso del emperador: sub terris tonuisse putes. Presas del pánico, como era de esperar, los que están en ese momento en las letrinas salen huyendo para no verse implicados en el crimen perpetrado por el poeta.
 
Después de este incidente se comprende bien que ningún poeta como Lucano, que había subido tan rápidamente al Olimpo, bajara a los infiernos (literalmente) en tan poco tiempo. Los acontecimientos, en efecto, se van a precipitar en una funesta carámbola una vez que el poeta aparece involucrado en la llamada conjura de Pisón. Tácito5 y Suetonio6 no dudan de la participación de Lucano pero la crítica moderna conviene unánime en que debió de ser mucho más determinante para su suicidio decretado la inquina que le profesaba Nerón por las dotes poéticas del vate hispano. Tácito es, precisamente, la fuente que nos ha transmitido los detalles de su muerte, inspiradora del cuadro de Garnelo:

 

"A continuación ordena <Nerón> la muerte de Anneo Lucano. Éste, mientras fluye su sangre, cuando se da cuenta de que se le enfrían los pies y las manos, y de que poco a poco la vida huye de sus extremidades, con el pecho todavía caliente y en posesión de sus facultades, recuerda unos versos por él compuestos en los que había contado el final de un soldado herido, con la poética imaginación de una muerte similar; entonces repitió aquellas mismas líneas y tales fueron sus últimas palabras." (Tac. ann. 15, 707)

 

También Suetonio, lo mismo que Tácito, recoge esta terrible anécdota de Lucano recitando unos versos de su Farsalia en el último trance. Y parece ser que el pasaje en cuestión es el de la muerte de un marinero griego en el asedio de Marsella por las tropas de César que, aunque un poco extenso me permito reproducir para recrear una vez más la atmósfera patética de los últimos momentos del poeta:

 

"Una mano de hierro, al trabar en la popa sus garfios atenazantes, enganchó a Lícides. Hubiérase hundido en las profundidades, pero lo impidieron sus compañeros, sujetando sus piernas colgantes. Dislocado, queda partido en dos, y la sangre no brotó lenta, como de una herida: rotas las venas, cae de todas partes, y la corriente vital que fluye hacia sus miembros desgarrados queda interrumpida por las aguas. Nunca la vida de un mortal escapó por senda tan anchurosa. La parte inferior del tronco entregó a la muerte unos miembros carentes de órganos vitales; pero en la parte donde se asienta el inflado pulmón, donde hierven las vísceras, allí los hados se mantuvieron indecisos largo tiempo y, tras mucho luchar con esta porción del cuerpo, a duras penas lograron llevarse los miembros todos" (Lucano. 3 635-645 8).


Más que nunca en aquellos trágicos momentos es cuando surge el hombre y el poeta, por eso no podía faltar en esta fatal circunstancia de la muerte de Lucano la sangre, un elemento recurrente en la ékfrasis del poeta cordobés, un verdadero apasionado por la truculencia9. Queda patente en este sanguinolento pasaje recién citado que la sensación de la muerte se presenta repartida en dos partes del cuerpo del marinero griego. Las manos y los pies se le vuelven fríos, mientras que el pecho aún conserva el calor de la vida. El detalle trabaja a favor de quienes sostienen que sus últimas palabras fueron los versos que he trasladado más arriba, frente a algunos estudiosos que defienden otros textos lucáneos. En efecto, también en esos versos citados, como en la muerte real de Lucano, aparece escindido en dos mitades el cuerpo del moribundo Lícides.
Dejo ahora a Lucano en su agonía y dirijo mi mirada a otro lugar del cuadro, porque quiero traer ante el lector a la mujer a la que el pintor concede casi el primer plano. Esa mujer no es otra que Pola Argentaria, la esposa del poeta. Realmente acertó aquí Garnelo, porque esta dama, con la que se había casado poco antes de su fatal destino, merece esa posición central. Pola es un modelo de fidelidad valiente y apasionada. A pesar de que Lucano había muerto bajo la acusación más terrible y de que su evocación podría traele más de un problema, esta mujer enamorada no tuvo miedo de continuar celebrando cada año el aniversario del nacimiento del poeta.
Incluso consiguió que afamados escritores celebraran a su marido en sus poemas. En primer lugar le dedicó sus versos precisamente un paisano, Marco Valerio Marcial, que también fue un fiel amigo. Cuando Marcial llegó a Roma lo acogió la familia Annea10, pero esos amigos no tuvieron mucha suerte como ya vimos, al descubrirse la conspiración de Pisón. De todas maneras, Marcial no abjuró de ellos, ya que a Lucano le dedica tres poemas.
 
No obstante, antes de entrar en el estudio de ellos vamos a detenernos en un epigrama que se ha relacionado alguna vez con Lucano. Pasa, en efecto, como dirigido a la hermosa Pola este fino poema:

 

A Pola

¿Por qué me envías, Pola, coronas de flores que tú no has tocado?

Prefiero las rosas por tus manos ajadas. (Mart. 11.8911)

 

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SÉNECA

 

“No os espante la muerte; o extermina
o transforma vuestra existencia.”

Séneca

El teatro, afirmaba Unamuno, es siempre grito. Grito de dolor o de espanto: o de júbilo, de alegría; a veces, confusión paradójica de ambos. Pero siempre grito de verdad: lenguaje a voz en grito de verdad.

Es notoria la gran pasión del emperador Nerón por el teatro. Suetonio cuenta que Nerón recitó y cantó tragedias llevando trajes teatrales y máscaras, no sólo en el palacio sino también en los teatros (Suetonio, Nero, 10,2; 21,3). Su preceptor Séneca, le secundó hasta el punto de escribir nuevas tragedias especialmente para él

"Los hombres temen a los mismos dioses que han inventado"

(Marco Anneo Lucano).

 

Roma, siglo I d.C.

Predicador de la pobreza y la vida retirada, Séneca fue uno de los hombres más ricos e influyentes de Roma. Defensor de la frugalidad y del dominio de sí mismo practicó, sin embargo, la gula y vivióatormentado por pasiones incontrolables. Aquel cortesano sin
escrúpulos, que supo derrotar a todos sus contrincantes en la implacable carrera hacia el poder, es el precursor de la psicoterapia moderna, el dramaturgo genial que dio origen al teatro renacentista y el filósofo que alumbró el humanismo europeo.

A la edad en que la mayoría de las personas añora el descanso, Séneca rompe sus ataduras, crea lo mejor de su obra y alcanza la añorada sabiduría. Aquel hombre gordo, fofo y enfermizo se transforma y rejuvenece. En ese camino hacia la libertad sucumbe a las intrigas y se ve envuelto en una terrible conjura, a raíz de la cual, su discípulo, el emperador Nerón, a quien quiso hasta la muerte como a un hijo, se volverá contra su mentor.

 

Lucio Anneo Séneca ( 4 a .C.-65 d.C.), era oriundo de Córdoba, en Hispania. En Roma estudió retórica y filosofía, decantándose desde un primer momento por el estoicismo. En el 49 d.C., Séneca fue designado tutor de Nerón, quien asumiría el trono en el 54. Cuando el emperador comenzó a mostrar signos de locura, abandonó la vida pública y se consagró a la filosofía. En el 65 hubo una conjura contra Nerón, en la que se le acusó de tomar parte, y tuvo que suicidarse por orden imperial.

Séneca cultivó varios géneros literarios: epistolografía, ciencias naturales, filosofía y drama. Escribió nueve tragedias, concebidas para ser recitadas o leídas, en las que se aprecia la gran influencia de Eurípides. Adaptó leyendas griegas: Hércules Eteo, Hércules furioso, Las troyanas, Las fenicias, Medea, Fedra, Edipo, Agamenón y Tiestes. Se atribuye a Séneca una tragedia más: Octavia, aunque se discute su autoría. 

En sus argumentos, además de los elementos sobrenaturales, se introducen asesinatos, venganzas, horror y pasiones enfermizas, que alcanzan tonos de melodrama. En Séneca el coro se desenvuelve a la manera griega, pero hay que tener en cuenta, que sus tragedias son un puro ejercicio literario, totalmente desvinculado de la escena.

Las tragedias de Séneca, escritas en un estilo retórico, son de una gran solidez formal. En el tratamiento de los personajes muestra una extraordinaria capacidad analítica e introspectiva, puesta al servicio del fatalismo estoico que los caracteriza. 

 

          Este cordobés ilustre fue filósofo, escritor y político. Se inició como abogado en el mundo de la política y trabajó con brillantez hasta que, durante el reinado del emperador Claudio, fue exiliado a Córcega. En el 49 d. C. Agripina quiso que volviese y le confió la instrucción del futuro emperador Nerón. Séneca tuvo gran influencia sobre su discípulo hasta que éste empezó a considerarlo un estorbo. En el año 65, implicado en la conjura de Pisón, dio fin a su vida cortándose las venas.

          Pese a que cultivó diversos géneros, sólo conservamos algunas tragedias y la mayor parte de sus escritos filosóficos.

          En la producción dramática está muy presente la moral del autor, llevada a un énfasis trágico hasta sus últimas consecuencias. Séneca imitó los modelos griegos de Esquilo, Sófocles y Eurípides en sus tragedias, pero consiguió transformarlos a través de efectos impresionantes e, incluso, patéticos.

          Los temas tratados se relacionan preferentemente con dos ámbitos: el político y el filosófico. En sus obras muestra el descontento por la situación política de su época y manifiesta la tiranía del poder imperial. Su pensamiento filosófico, esencialmente estoico, medita sobre asuntos relacionados con el destino inevitable del ser humano, sobre cómo éste se cumple y las personas se han de resignar.

          Algunas de sus tragedias son: Fedra, Las troyanas, Hércules furioso, Medea, Agamenón, Edipo, Las fenicias. 

          El teatro clásico de los siglos XVI y XVII se inspiró en la producción de Séneca, especialmente el dramaturgo francés Jean Racine (1639 – 1699)

                El teatro de Séneca influyó mucho en los tragediógrafos occidentales, como Shakespeare, Corneille, Racine, por cuanto el interés de su obra se centra en el alma humana, víctima de la pasión. Destierra completamente la influencia d elos dioses. Sus obras parecen haber sido concebidas más para la lectura que para la representación; por lo menos no para la representación ante un gran público, sino en círculos selectos.

 

EL ESTOICISMO DE LUCANO Y SÉNECA

Séneca decía: no obedezco a Dios, sino que me adhiero a lo que Él establece. Los estoicos son ciudadanos del Mundo y se dejan llevar por la virtud, no por los vicios. Cuando Nerón degeneró, Lucano se distanció de él hasta tal punto que participó activamente en la conjura de Cayo Calpurnio Pisón, como su tío Séneca hasta que fueron descubiertos por el pretor, Nerva, de 35 años de edad, que llegaría a ser emperador con el tiempo. Tanto Séneca como Lucano y 16 conspiradores más murieron; Lucano, como su tío, se suicidaría ante la posibilidad de que Nerón se ensañara con ellos.

Lo que no está claro es si Lucano actuó por puro interés, creyendo que la conspiración saldría bien con lo que mantendría su estatus o verdaderamente llegó a odiar a Nerón. Digo esto porque cuando se le detuvo, al parecer, acusó a su propia madre de participar en el complot con lo que él hubiera podido salir indemne pero el truco no prosperó y se le ordenó que se quitara la vida, si bien el interrogatorio fue acompañado de tortura.

Pero también es cierto que en un certamen en el que participó el propio Nerón que se creía todo un artista y al que nadie se atrevía a criticar por razones obvias, Lucano compitió con el emperador, recitando un poema que acabó encandilando a los presentes quienes olvidaron que un momento antes Nerón había pronunciado otro. Los celos del césar no se hicieron esperar y prohibió a Lucano que volviera a recitar en público, algo a lo que el poeta no hizo el menor caso.

Aquí comenzaría el distanciamiento entre ambos y por esta razón pudo haber participado del modo tan enérgico que supuestamente lo hizo Lucano en la conspiración de Pisón o tal vez fuese cierto que no participara pero que Nerón quisiera, de todos modos, quitarse tan incómodo competidor. Y es que a la temprana edad de veinte años, Lucano era un excelente orador, poeta épico sin igual y un gran autor dramático.

Escribió numerosas obras pero la mayoría se han perdido: Ilíaca, Catachthonion, Saturnalia (un poema en que elogiaba a Nerón, como otros que hizo) y Orpheus (poema en el que Orfeo se adentra en el Hades para buscar a su amada), así como los diez libros de Silvae, la tragedia Medea, epigramas, 14 fábulae salticae

Lucano era un estoico que como tal creía en Júpiter, Dios padre, omnipotente y omnisciente pero cree también en la fuerza del destino, el cual es inexorable. Como puede verse, un claro antecesor del cristianismo.

La “Farsalia” habla de la guerra civil entre Pompeyo y el primer césar emperador, finalizando la obra en el asedio de Alejandría, siguiendo un orden cronológico, si bien el último capítulo está sin terminar. En un comentario de texto diríamos que es un poema épico-histórico pero para comentarlo quién mejor que el gran Menéndez y Pelayo: "¿Quién ha de negar que la Farsalia, además de haber sido para los modernos el tipo de la epopeya histórico-política, era un poema novísimo por el alarde y el abuso del detalle pintoresco, por la entonación solemne y enfática, por el pesimismo sentencioso y principalmente por la concepción de lo divino, tan diversa de la concepción homérica y virgiliana? Poema abstracto y triste el de Lucano, árido en medio de la afectada prodigalidad de color; poema sin dioses ni ciudad romana, pero henchido de misteriosos presentimientos románticos, y alumbrado de vez en cuando por la misteriosa luz de las supersticiones druídicas y orientales. Recuérdense los terribles cuadros de la hechicera de Tesalia y de la evocación del cuerpo muerto, o bien los prodigios del bosque sagrado de Marsella, y se comprenderá hasta qué punto es poeta moderno Lucano, y que no ha sido mera ingeniosidad de la crítica el suponer que, no ya solo el arte de Góngora, sino el arte de Víctor Hugo, se hallan en él en germen".

La tragedia durante el Imperio: SÉNECA.

Durante los primeros años del principado de Augusto se confirma la tendencia a la desaparición de la tragedia y de otras formas de drama literario con pretensiones escénicas. Ya en gran parte del último siglo de la República se había constatado la ausencia de otras nuevas para su representación. Por otra parte, el paso del tiempo había dado lugar a cambios tanto en el estilo como en los gustos literarios, lo que hacía que las obras de los tragediógrafos republicanos parecieran cada vez más arcaicas y rudas a medida que pasaba el tiempo.
 
            El público romano, menos cultivado que el griego, mostraba preferencia por los espectáculos circenses y, dentro de los espectáculos escénicos, el mimo, las atelanas y las pantomimas sustituyeron a las obras dramáticas de mayor valor literario. De esta forma en el siglo I d. C. la tragedia se convierte en un ejercicio literario dedicado exclusivamente al recitado y la lectura en círculo literarios e intelectuales.
 
            La última representación de una tragedia nueva de la que se tenga noticia oficial tuvo lugar en el año 29 a . C; se trata de la puesta en escena del Thiestes de Lucio Varo Rufo promovida por el propio Augusto para celebrar su victoria en Actium. Algo más tarde tenemos noticias de una segunda tragedia del poeta Ovidio titulada Medea. Ambas obras de la época augústea se han perdido completamente y sólo conocemos los títulos y referencias de los estudiosos de los géneros literarios como Quintiliano.

            Dado este estado de cosas, resulta sorprendente que precisamente las únicas tragedias que se nos han conservado completas se sitúen en este período en el que su representación había caído en desuso. Efectivamente, existe un "corpus" de diez tragedias, integrado por nueve "fabulae coturnatae" más una "praetexta", atribuidas a Séneca el Filósofo (5-65 d. de C). De ese conjunto de obras, ocho son con toda seguridad de Séneca: Hércules Furens, Troades, Phoenissae, Medea, Phaedra, Oedipus, Agamemnón, Thyestes; una, Hércules Oateus, es de atribución dudosa y la "praetexta", titulada Octavia, no puede ser de ninguna manera obra suya.

            No se sabe exactamente qué lugar ocupan cronológicamente las tragedias en el conjunto de la extensísima obra de Séneca. Generalmente se ha considerado que fueron escritas en su primera época, con anterioridad a la redacción de sus tratados filosóficos, pero lo cierto es que no hay ningún dato objetivo que corrobore dicha opinión.

            En cuanto a la relación de las tragedias senequianas con sus originales griegos, hay que decir que Séneca sigue la práctica habitual en el teatro latino y mezcla distintas obras griegas en una misma tragedia. Utiliza en mayor medida como modelo las obras de Eurípides que la de los dos trágicos anteriores. Aunque sigue habitualmente las versiones tradicionales de los mitos, difiere notablemente en su tratamiento escénico; Séneca demuestra un gusto especial por los detalles truculentos, por la desmesura en la expresión de los sentimientos y pasiones que lo alejan de la tragedia clásica griega; sus personajes, cuyo análisis psicológico es riquísimo, tienen un código de valores morales radicalmente distinto al de los personajes de Eurípides. Su estilo es marcadamente retórico, caracterizado por la precisión y el laconismo que se expresa frecuentemente por medio de aforismos y sentencias.
           
          Las tragedias de Séneca no tuvieron gran influencia en su época, pero en cambio ejercieron un profundo influjo a partir del siglo XV en el teatro italiano e inglés.
Los manuscritos de las obras de Séneca recogen también una tragedia praetexta, titulada Octavia. Es la única obra de su género que se nos ha conservado, pudiéndose afirmar hoy con toda certeza que no es el filósofo cordobés y que debe fecharse en una época ligeramente posterior, durante el reinado de los primeros Flavios.
           
         Utiliza como argumento la desdichada vida de Octavia, hija de Claudio y Mesalina, obligada a casarse con Nerón y asesinada después en el exilio. 
 
BIBLIOGRAFÍA:
 
Las comparaciones en el teatro de Séneca a la luz de los trágicos griegos

Autores: Carmen Teresa Pabón de Acuña

Localización: Cuadernos de filología clásica, ISSN 0210-0746, Nº. 21, 1988 , pags. 187-202 http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2036709

 

El amor como padecimiento en el teatro de Séneca

Autores: Carmen Arias Abellán

Localización: Medicina y literatura : Actas del II Simposio Interdisciplinar de Medicina y Literatura / coord. por Esteban Torre, 2003, ISBN 84-8434-213-1 , pags. 59-70

Recoge los contenidos presentados a: Simposio Interdisciplinar de Medicina y Literatura (2. 2002. Sevilla) http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=1171118

 

IMPORTANTISIMO DOCUMENTO: http://html.rincondelvago.com/tragedia-griega-y-latina.html

 

SÉNECA, FOUCAULT, SOCRATES Y PLATON

(Conferencia del historiador y filosofo Gonzalo Soto en agosto de 2002)

El historiador y filosofo Gonzalo Soto fue invitado por el Teatro Matacandelas en agosto de 2002 para que nos hablara sobre Séneca. Las líneas que siguen tienen ese valor coloquial y distendido del lenguaje hablado. Las reproducimos con la autorización del autor.

Que un texto sólo puede entenderse a partir de un contexto es una tesis que ha sido muy discutida; unos prescinden de toda contextualización; otros ponen el contexto económico o político o social e incluso humano que desarrolla el autor en su obra, para interpretar cualquiera de sus tesis.

Yo no creo que la obra de Lucio Anneo Séneca haya que contextualizarla en el sentido absoluto para entender sus planteamientos, pero necesariamente había unas mentalidades -se puede decir así- que rondaban en el siglo I en el que él vive. Fundamentalmente esa mentalidad tenía que ver con dos corrientes filosóficas: por una parte, el estoicismo y por otra parte, el epicureísmo.

Michel Foucault al final de sus días, ya enfermo, se consuela leyendo los textos de Séneca. Paul Veyne, el célebre estudioso de la cultura griega y romana, hace honor a Foucault, cuando muere, en una edición de la obra completa de Séneca en francés. El prólogo se titula Séneca y el estoicismo. Este es un lugar ya muy habitual y muy común; sin embargo, no creo que el filósofo latino pueda, sólo y nada más, adscribirse al estoicismo y ello se puede ver en Las cartas a Lucilio muy claro. Siempre en cada carta a Lucilio termina citando paradójicamente a Epicuro. En una expresión muy simpática dice que en última instancia él, Séneca, es un tránsfuga, que no está adscrito a ninguna idea y que lo importante no es decir esto lo dijo Cleantes o Crisipo o yo no sé quién a no sé quién, sino usted qué dice. 

Por lo mismo, me parece a mí, que incluso la adscripción de Séneca al estoicismo es problemática desde el mismo Séneca, y que lo importante no es tanto conocer una tradición filosófica y adscribirse a ella, cuanto conocerla para transformarla e incluso destruirla. Hay una categoría en la obra de Séneca -y empleo una categoría muy problemática pero que a mí me ha ayudado un poco a adentrarme en este filósofo- y es la categoría deleuziana de deconstrucción. Séneca deconstruye el estoicismo. Séneca transforma el estoicismo, de alguna manera pone en diálogo el estoicismo con otras alternativas filosóficas. Y sobre todo le da palabra a su propio yo.

En ese contexto, lo que yo propongo como tesis interpretativa es cómo alguien formado en una tradición filosófica del estoicismo es capaz de dialogar con cualquier otra tradición filosófica y sobre todo tomar distancia de todas ellas.

De una de las cartas a Lucilio donde habla de las sentencias filosóficas cito un texto de la carta 33 sobre los aforismos filosóficos; al comentar cómo uno de todas maneras tiene que entrar en contacto con la tradición, sin embargo no es para repetirla como autoridad sino para repensarla y tomar distancia: "Leer a Zenón, a Cleantes, a Crisipo, a Paneso, a Posidonio... ¿Hasta cuándo te moverás a la voz de otros y no sacarás agua de tu propio pozo?". Con una metáfora muy retórica concluye: no debemos ser notarios, sino jueces de la filosofía.

El notario, ustedes saben, es el que repite; en cambio, el juez es el que juzga. Los dos escriben. Sólo que Séneca entiende por escritura no tanto la tarea de escribir, sino la tarea de moldear la vida, la tarea de escribir la vida, la tarea de ser uno mismo, la tarea de ocuparse de uno mismo, la tarea de cuidarse de uno mismo, de llegar a ser el que eres, la tarea de gozar la tragedia en medio del dolor, y esto no te lo puede indicar ni Cleantes ni Crisipo, ni nadie. Te lo tienes que crear tú mismo aunque hayas leído a Cleantes, a Crisipo o al que sea. 

Conclusión: las autoridades no tienen sentido sino para tirarlas al cajón de la basura. Esta expresión es interesante, porque hay una práctica pedagógica a mi manera de ver que sólo se adscribe a citar las autoridades. Por lo tanto, la práctica se reduce a una ensalada de citas, ensalada de citas que ustedes ven en los ejercicios de todos los textos. Son las notas de pie de página, hasta tal punto que se cuestiona un texto cuando no tiene un cuerpo bibliográfico pesado y duro; tal vez en la escritura de Séneca, no es tanto dicho cuerpo pesado lo que le da el sentido al texto, sino lo que está arriesgándose a decir, inventar y crear. Bien, es la primera observación. 

La segunda observación: Séneca no es Prometeo; yo no creo que haya vivido una vida prometeica; no creo que tampoco haya vivido una vida, en términos del mito griego, de Proteo. Proteo era un ser mitológico que se presentaba de múltiples rostros, de múltiples facetas. Séneca no tiene esa vida proteíca llena de facetas distintas, que unas veces se presenta de una manera y otras veces de otra. Tampoco creo que la vida de Séneca tenga que ver con su tragedia Medea, en todo el contexto del manejo trágico, del sentimiento trágico de la vida y del problema de la muerte. La vida de Séneca no fue tampoco la de los comunes mortales de la Roma del siglo I, ya que fue senador, participó activamente en el gobierno de Nerón, era un hombre riquísimo, a pesar de que hablaba bellamente de la pobreza, era un prestamista avaro, financió la campaña de conquista y colonización de Bretaña, que es hoy Inglaterra. Tenía unos viñedos excelentes hasta tal punto que los vinos de Séneca circulaban por todo el Imperio romano. Su casa de préstamo manejada por sus esclavos y libertos, donde obviamente hacía y deshacía, no le impedía hablar bondades inmensas de la pobreza y del sentido de la virtud. Cuando le criticaban esta ambivalencia, Séneca respondía una cosa interesante y paradójica, o quizás para salirse del embrollo... que se fijen en lo que escribo y no en lo que hago.

Una solución, creo yo, poco problemática, pero a la vez muy sintomática de lo que es en última instancia esa complicada relación entre lo que uno dice y lo que uno vive, a pesar del precepto estoico de que la vida sea como la doctrina, precepto radical del estoicismo. He aquí otra buena deconstrucción del estoicismo: se puede escribir de lo que uno no vive ni va a hacer y obrar.

Séneca estuvo involucrado con Nerón, fue su preceptor. Cuando Nerón llega al Trono Imperial, Séneca le escribe un tratado político sobre la clemencia en el que quiere ponerle un espejo para que Nerón se vea ahí reflejado, como gobernante. Al final de la vida de Nerón, hay algunas cosas interesantes. Uno a veces tiene de Nerón la idea que nos han transmitido las películas de Hollywood. 

Según los estudiosos de Nerón, es el caso de Paul Veyne, el emperador estaba haciendo revolcones técnicos. Dejó de lado los circos, en el sentido de los gladiadores, para efectos de un movimiento lúdico y estético al interior de Roma y las provincias, y se dedicó a montar espectáculos de tragedia y comedia, a veces como actor o tañedor de la lira. De modo que lo narrado por Suetonio en La vida de los doce césares: qué gran artista pierde el mundo, no es una fábula que se inventa el historiador romano. Nerón estaba quitándole poder a los senadores, alejando al pueblo de los circos y poniéndolo a ver espectáculos cómicos y trágicos donde la lira y el arpa eran el punto de referencia. En este sentido, a Nerón no le interesaba gobernar desde el pan y el circo, sino que le interesaba quitarle poder al senado desde un proyecto estético. Él pensaba que la tarea del emperador era simple y llanamente proporcionar a través del arte un reencuentro con la vida para efectos de darle sentido a cosas como el dolor. Fíjense que este proyecto poético-estético de Nerón es lo que casi nunca vemos pues nos lo presentan como el ogro, el bandido, el que asesinó cristianos e incendió a Roma. Estas son fábulas que nos han llegado pero nada tienen que ver con su proyecto estético político, verdadero golpe al poder de la aristocracia senatorial y ecuestre.

En este aspecto, los senadores entendieron muy bien que Nerón les estaba moviendo el piso porque no les dejaba ya hacer espectáculos circenses; de esta manera, el senado estaba quedando como un cero a la izquierda frente al proyecto estético neroniano.

Cuando vino el enfrentamiento entre el senado y Nerón lo primero que preguntó Nerón fue: "¿Por qué me persiguen ustedes cuando yo no los he perseguido?" Al arribar al poder Nerón no empezó a tumbar cabezas, que era lo usual... si leen la vida de Calígula o la vida del antecesor de Nerón, Claudio, sabrán que el problema era que tanto el senado respecto al emperador y el emperador respecto al senado vivían en un continuo rodar de cabezas.

Nerón no había tumbado cabezas. Nerón no había aprovechado para nada su poder político, en términos de darle duro al senado. Pero lo estaba golpeando desde la parte estética, quitándole los circos, los gladiadores y lo que esto implicaba en el contexto político y social de Roma. Nerón estaba montando teatro, poesía, danza.

Cuando viene el enfrentamiento duro y el senado empieza a perseguirlo, Nerón les va a responder en términos políticos con un enfrentamiento radical de asesinatos. En este punto es donde Nerón piensa que Séneca está comprometido; es la conocida conspiración de Pisón que termina con el célebre suicidio de Séneca en el año 65 de la era cristiana. 

El suicidio de Séneca nos lo narra Tácito en Los Anales y se ha hecho clásico para la pintura y la escultura; es un suicidio bastante estético. Para utilizar términos de Kant es un suicidio bastante sublime, un suicidio -en términos de la filosofía del momento- bastante estoico pero a la vez bastante epicúreo. 

Séneca en un primer momento se corta las venas, en un segundo momento bebe veneno -a lo mejor cicuta-, y en un tercer momento -Séneca era asmático desde niño y sufrió terriblemente de asma, hasta tal punto que cuando Calígula lo iba a asesinar, pues veía en Séneca un competidor retórico (Calígula se creía el retórico por excelencia) sus consejeros le dicen: "No lo asesine, él ya está muerto"- se mete en las termas pequeñas y ahí se asfixia. Esa tríada senequiana de cortarse las venas, acudir al veneno y asfixiarse, en medio de su asma terrible, significa -en una u otra forma, me parece a mí- la manera como Séneca, por lo menos, había planteado el problema de la muerte. 

Séneca pensaba que la muerte no era la fatalidad, la angustia terrible a la que la condición humana estaba condenada, sino que pensaba con expresiones que se han hecho ahora muy usuales, a través de la historia de occidente: "Cada vez que nacemos morimos", "Cada día que vivimos morimos", "La vida no es sino la muerte en ascenso". "La muerte no es sino la vida acercándose a ella". Por otra parte, la muerte en última instancia no debe generar ningún temor, porque cuando uno muere el "yo" ha desaparecido. 

Foucault, al final de su vida, como decía en un comienzo, está leyendo a Séneca y lee el texto de la carta 64 a Lucilio: "Acerquémonos al momento supremo, liberémonos de nuestro yo en ese momento supremo; y en ese momento supremo liberados del yo, sabremos que hemos vivido y no hemos muerto". Obviamente esto parece un galimatías retórico, pero en el contexto tanto del estoicismo, como del epicureísmo, -porque Epicuro había planteado también esa tesis: "¿Por qué le tememos a la muerte si en última instancia cuando estamos muriendo ya no somos y después de muertos ya no importa?". Esta manera senequiana de asumir la muerte estaba muy en contacto con toda la tradición estoica y epicúrea.

Es que Séneca plantea un manejo armonioso de las paradojas vitales. Piensa que la vida va a estar jalonada por la contrariedad, por el conflicto vida-muerte, dolor-alegría, sufrimiento-gozo; incluso sobre la experiencia sexual dice que es gozosamente terrible, que de alguna manera en la relación sexual vivimos y a la vez morimos. Y pone como ejemplo el que perdamos semen a pesar de dar la vida, pone como ejemplo la menstruación y las conexiones con los ciclos lunares mostrando cómo estos ciclos celebran la vida, porque muere la luna en su renacimiento. La ley humana sólo puede regular el conflicto para ayudar a manejarlo; obviamente que regular el conflicto es la tarea de todos los humanos, tanto el económico, el social, el cultural...

El problema es que no tenemos una forma mágico-religiosa para regularlo. Para lo anterior propone -en lenguaje intraducible de los estoicos- ataraxia, -Séneca lo traduce como "tranquilidad del alma"-, "serenidad", "cuidado de sí" "cura sui", "insensibilidad" -, aunque el término es equívoco; lo que con estas categorías quiere Séneca es que no seamos como las fieras; la forma que encuentra Séneca para enfrentar todo tipo de conflicto es "la serenidad", "la imperturbabilidad", "la tranquilidad", no la indiferencia, sino asumir el conflicto de tal manera que ese conflicto sea posibilidad vital. 

Obviamente se trata de un ideal. Séneca sabe que el único sabio que ha habido es Sócrates. Séneca sabe que una cosa es el estoicismo y otra los estoicos. Nunca el estoico alcanzará el estoicismo. Hay una conversación con Sereno, un funcionario romano amigo de Séneca, con el que tiene tres conversaciones (en realidad siempre habla es Séneca): La tranquilidad del alma, La constancia del sabio y El ocio. El texto genial para mí es La tranquilidad del alma pues es donde Séneca más radicalmente expresa su pensamiento y también es la obra más mal escrita de todas. Se comienza a leer el número uno y se pasa al número dos y uno se pregunta por qué pasa al dos, un párrafo no tiene conexión con el otro; es algo así como un diario, anotando lo que nos ocurre o vemos, así es La tranquilidad del alma, el desorden, el caos, es su texto menos retórico, pero a la vez es donde Séneca argumenta senequianamente.

Desarrolla la idea de "la moderación", de "la templanza". No caer en el exceso ni caer en el defecto, que era un ideal muy común a la cultura griega, el célebre término medio. Pero en este contexto de la moderación el texto termina diciendo "¡emborráchense!", "¡sean locos!", "¡desbóquense!", "alguna vez es agradable perder el seso" y cita a Platón: "En vano toca las puertas de la poesía el que tiene perfecto dominio de sí" y después cita a Aristóteles: "No hay bien alguno grande, sin alguna dosis de demencia".

Toda la primera parte habla de la moderación y para colmo de males termina diciendo: "No sea moderado", "déle cabida al exceso, a la abundancia", "déle cabida a Dionisos y no a Apolo", y esto vale tanto para la poesía como para la vida.

Otra idea senequiana es la eutimia; Séneca la traduce por tranquilidad. El ideal del sabio es la tranquilidad del alma, es decir la eutimia, es el gozo de la vida, la alegría de vivir en medio de los obstáculos, el despliegue del entusiasmo como posesión divina en tanto gozo dionisíaco.

Séneca como los estoicos utiliza la paradoja, por ejemplo en el dolor se puede encontrar la alegría; dice que se puede ser feliz en medio de los padecimientos; dice que la única posibilidad de gozar es precisamente porque la vida es no gozar, y ese gozo no te lo va a indicar ni el maestro ni el sacerdote, ese gozo te lo tienes que inventar tú, el único que puede moldear tu vida eres tú.

Ahora quiero hacer una intertextualidad con Foucault, en especial con el último texto que el filósofo francés publicó en vida, El cuidado de sí. En este libro Foucault cita muchas veces las reflexiones senequianas. Foucault se había dedicado a estudiar desde la arqueología del saber cómo el sujeto había devenido objeto del saber, aparecen textos como Las palabras y las cosas, La arqueología del saber; después se dedicó a estudiar cómo el sujeto deviene objeto del poder -Vigilar y castigar- pero existe un tercer Foucault que es el de La inquietud de sí mismo, que rompe con los estudios arqueológicos y genealógicos y tal vez por una razón: Foucault se había dado cuenta que con estos estudios sobre la locura, la sexualidad, la cárcel, estaba dando herramientas conceptuales y prácticas para que la sociedad a través de la psiquiatría, de la sicología, pusiera en práctica lo que él estaba descubriendo para entablar esa omnipotencia del poder como totalidad envolvente, como una red que liga todos los polos de la sociedad. Y tal vez para oponerse, o escapar de la utilización que la sociedad había y habría hecho de sus estudios, entonces él plantea una resistencia no de tipo político, sino una resistencia de tipo ético-estética.

La lucha del último Foucault no es una lucha política que ya la había hecho, sino una lucha de tipo ético-estética: "Hacer de la vida una obra de arte".

Para proponer esta alternativa Foucault se remonta a los filósofos y médicos del siglo IV antes de Cristo y a los pensadores de los dos primeros siglos de la era cristiana, en especial Séneca, en donde encuentra pensadores -también Sócrates- que se resisten al poder no proponiendo otros juegos de verdad u otros juegos de poder sino proponiendo la vida como obra de arte, en donde al hacer de la vida un proyecto ético-poético pueda yo resistir a todo tipo de poderes, precisamente desde el gozo de la vida que nadie me puede arrebatar, por ser una experiencia íntima.

La expresión cuidado de sí aparece por primera vez en El Alcibíades I de Platón; esta cura sui como única posibilidad de resistir al poder en términos de dominación, de presión, de disciplinamiento, de legislación ¿a qué está apuntando? A mi manera de ver -y arriesgo una tesis personal- si uno lee a Medea desde el cuidado de sí, entiende por qué en medio de todo lo habido y por haber en esta truculenta tragedia, hay esbozada en toda ella un problema en última instancia más que político, ético y estético en términos de cuidado de sí. ¿Qué plantea El Alcibíades?

El Alcibíades es un diálogo entre Sócrates y Alcibíades, donde éste le dice que quiere ser político y por lo tanto quiere ayudar a gobernar a los demás, y que el gobierno de los demás es lo que le da sentido a la vida humana. Inmediatamente Sócrates le responde con una pregunta: ¿Para gobernar a los demás no tendrías que gobernarte a ti mismo? Alcibíades que no había pensado en ese detalle comienza a reflexionar sobre la inquietud que le plantea Sócrates: si el gobierno de sí es la condición de posibilidad del gobierno de los otros; entonces le dice Sócrates: "Dejemos de lado el gobierno de sí y el gobierno de los demás, ¿tú has pensado en el arte en qué contexto? Tú quieres ser gobernante. ¿Qué piensas del arte? ¿Qué piensas de la comedia y de la tragedia?" Alcibíades le da una respuesta muy típica de la mentalidad sofista de todos los tiempos: "El arte es algo que sirve para manejar la masa, es un espectáculo que como tal es bueno para dominar las pasiones". Sócrates le sigue preguntando: ¿Para qué entonces La Ilíada , La Odisea ? No sería mejor escuchar el canto de los pájaros, o estar viendo luchas de animales por ejemplo, ¿para qué un arte con una función política, que sólo se reduzca a satisfacer el deseo del espectáculo, un arte reducido al manejo de las pasiones dentro del teatro pero no fuera del teatro? Las conclusiones a que llega Sócrates son estas: gobierno de los otros sin gobierno de sí mismo no tiene absolutamente sentido; el arte hay que convertirlo en una necesidad por sí misma; el arte, como la vida, moldea, como obra de arte lo que uno de alguna manera quiere ser, y esto no como una vía normativa sino como el preocúpate por ti mismo, moldéate a ti mismo, haz de tu vida una obra de arte, goza de ti mismo, satisfácete contigo mismo, haz de ti lo mismo lo que un artista hace con el mármol.

En última instancia, la propuesta de Sócrates es: si la vida no se convierte en una obra de arte que tú mismo tienes que moldear como artista, obviamente el conflicto, la contrariedad, el dolor, el poder económico, político, social, te llevan de cachos.

Tú no tienes otra alternativa para resistir a todos los grupos de poder y todos los grupos de verdad en que estás metido, incluso en la familia, en la universidad, si no haces de tu vida un inmenso hecho ético-poético.

Algo así como la voluntad de poder en Nietzsche, algo así como su super hombre, nada de pastores, nada de profesores, nada de guías, nada de normativas; tú te tienes que pensar a ti mismo y la vida te la tienes que inventar tú; entonces hablar del eterno retorno de Nietzsche como una repetición desde la diferencia; el problema de todos los días lo mismo, repítelo diferente cada día, vive cada día desde la diferencia, como proyecto ético estético de sí.

En Séneca esta idea prácticamente aflora en todos sus textos, él lo expresa de múltiples maneras fórmate a ti mismo, libérate a ti mismo, cuida de ti mismo, incluso emplea el verbo crear, créate a ti mismo y en ese concepto las cartas a Lucilio son un buen ejemplo del cura su. Aquí, es donde Séneca está moldeando su vida como proyecto ético-estético, en realidad cuando le enseña a Lucilio se está enseñando a sí mismo y dialogando sobre hechos de todos los días, así cada carta elabora una posibilidad ético-poética de las eventualidades que ofrece la vida: el poder político, social, económico, la muerte, la enfermedad.

La obra senequiana está engarzada en tres columnas fundamentales. La primera columna se puede llamar estoica o epicúrea o simplemente filosófica: lo importante de lo que hagas y lo que estudies es que esto no sea una forma de saber, sino una forma de vivir. En la carta 108 a Lucilio está muy bien resaltado esto ¿En qué se han convertido las escuelas filosóficas? En una cosa muy terrible, los profesores no enseñan a vivir sino a discernir y discutir, y los alumnos no van a aprender a vivir sino que van a aprender a profesionalizarse. Allí obviamente la vida como gozo de tipo estético queda aplanada por la lógica de los profesores y la lógica profesionalizante de los alumnos.

Segunda columna: La constancia del sabio, donde se habla de la moderación pero también de tirar "canitas al aire" y con bastante frecuencia. Séneca termina con una propuesta fundamental. Es el gozo, el deleite, el reposo, en medio de todo uno tiene que aspirar a que este gozo, venga lo que venga, nadie te lo puede quitar. Séneca aquí esboza una posibilidad de resistir a todos los ejercicios políticos de la razón. Platón ya había planteado esta posibilidad en el Fedro con los cuatros tipos de manías: La manía erótica que es el enamoramiento, la manía mística donde soy poseído por los dioses, la manía de la amistad, la filia, en donde soy poseído por el otro, y la cuarta manía es la poética. Incluir la poesía era una forma de decir Platón que la poesía no tenía ningún fundamento. 

Séneca recoge estos conceptos platónicos y los desarrolla, una forma de enfrentar la crítica de la razón política y una crítica de la razón mística o maniática no en el sentido psiquiátrico, sino en el estar fuera de sí, estar gozosamente inundado por una forma que me posee y que de alguna manera al poseerme me hace perder mi yo, y al perder mi yo me habita otra forma que no sé que es, pero me ayuda a resistir la crítica del poder. Esa contestación mística me parece que en occidente ayuda a muchos, por eso creo que a los místicos los políticos les dan muy duro. Esa resistencia que no es de bala, ni es desde el púlpito o el senado sino que es simplemente la experiencia extática. ¿A Giordano Bruno por qué en última instancia lo queman? No porque dijo que el mundo es infinito, lo queman por quemarlo, es decir, porque está en otra cosa, en una experiencia mística con el universo. Cuando dios está en todo, ¿para qué sirven las doctrinas de los libros y los libros?

El tercer pilar senequiano es un elemento que también se encuentra en las cartas a Lucilio, carta 33 ó 34. Séneca se plantea un problema de todos los tiempos ¿Qué hago yo con el cuerpo? La corporeidad en todas sus manifestaciones: la dieta, la danza, el teatro, el vestido, los perfumes... La respuesta senequiana es que la mejor manera de llevar la corporeidad es volviéndola incorpórea ¿Qué es volverla incorpórea? No sólo hacer del cuerpo una experiencia ético-estética, sino una experiencia incorpórea en un orden místico. El cuerpo tiene sentido en cuanto yo no me preocupo ni me ocupo en saber si lo que el cuerpo me pide es bueno o malo. Es darle cabida a la corporeidad sin darme cuenta que le estoy dando cabida, si comes goza la comida, si bailas goza. Si duermes hazlo en la mejor cama, no en una cama estoica, sino en una donde no te des cuenta que duermes.

En cuanto al teatro, insensibilizar el cuerpo, sería ir al teatro para no ser espectador sino para involucrarme no en la trama, sino en la acción que la obra desarrolla. Insensibilizar la corporeidad significa no ser espectador sino actor del texto que estoy presenciando pero que al volverme actor y no espectador entonces hago que mi cuerpo esté en cada uno de los actores, entonces yo ya no estoy ahí, estoy en el escenario.

En síntesis, la mejor manera de habitar el cuerpo es transformarlo en incorpóreo porque de esa manera el cuerpo es gozo de vida.

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NERON

               

                Lucio Domitio Ahenobarbo nació en Antium (ahora Anzio, en Italia) el 15 de diciembre del año 37 d.C. y fue el último emperador de la dinastía Julia-Claudia (la primera dinastía imperial romana, formada por miembros de las gens Julia y Claudia) del 54 al 68 d.C. Es famoso por el incendio que sufrió Roma durante su reinado y gobernó bajo el nombre de Nerón Claudio César Augusto Germánico ya que al ser adoptado, cambio su nombre por Nerón Claudio Druso Caesar Germánico.

                 Hijo del cónsul Cneo Domicio Ahenobardo y de Agripina la Menor , bisnieta del emperador Augusto. En el 49 Agripina se casó con su tío, el emperador Claudio I, a quien un año después convenció para que adoptara a su hijo. Más tarde, en el 53, Nerón se casó con la hija de Claudio, Octavia, y aquél le nombró su sucesor, evitando a su propio hijo, Británico. Tras el asesinato, un año después, de Claudio, la Guardia Pretoriana , dirigida por el prefecto Sexto Afranio Burro, representante de Agripina, declaró emperador a Nerón a la edad de diecisiete años.

Bajo el asesoramiento de Burro y el filósofo Séneca, su tutor, los cinco primeros años de su reinado estuvieron marcados por cierta moderación y clemencia, aunque tuvo prisionero a su hermanastro (y rival) Británico, a quien mandó envenenar en el 55, y en el 59 mandó asesinar a su madre por criticar a su amante, Popea Sabina.

                 

                     Tres años después se divorció de Octavia (a quien más tarde ejecutó) y se casó con Popea. Sexto A. Burro murió, probablemente envenenado en el 62, mientras que Séneca dejó su cargo.

                 

                      En julio del 64, dos tercios de Roma ardieron mientras Nerón estaba en Antium. Aunque se creyó que él fue el responsable, los eruditos actuales dudan de la veracidad de aquella acusación. Según algunas informaciones, culpó a los cristianos y fue el primer emperador que los persiguió.

               

                     En el año 66 d.C. viajó a Grecia y regresó a Roma con más de 16.000 galardones de victorias atléticas y teatrales para reconstruir y engalanar la ciudad, tomando medidas que evitaran un nuevo incendio. Su plan de edificación (que incluía la construcción de un enorme palacio sobre la colina del Esquilino), al igual que los espectáculos y el grano que distribuyó entre su pueblo, fueron financiados con los saqueos de Italia y las provincias. Se consideraba un artista y un visionario religioso, escandalizando al Ejército y a la aristocracia cuando aparecía como actor en representaciones públicas de dramas religiosos.

               

                 Nerón estableció Armenia como una avanzada defensiva contra Partia, pero sólo después de una guerra, costosa y sin éxito. Estallaron levantamientos en Britania (60-61) y en Judea (66-70). En el 65 Cayo Calpurnio Pisón dirigió una conspiración contra el emperador: 18 de los 41 ciudadanos preeminentes implicados en la misma murieron, entre ellos Séneca y su sobrino, el poeta épico Lucano. Popea murió debido a la violencia de Nerón, y éste se casó con Mesalina (66) después de ejecutar a su marido. En el 68, las legiones de la Galia e Hispania, junto con la Guardia Pretoriana , se rebelaron contra Nerón, obligándole a huir de Roma. El Senado le declaró enemigo público y se suicidó el 9 de junio del 68.

 

La familia de Nerón
 
Nerón tuvo como progenitores a grandes personajes que destacaban en aquel tiempo en el primer plano de la política romana. Su madre era Agripina, hermana del emperador Calígula. El padre de Nerón era Cneo Domicio y fue un destacado miembro del Senado, siendo, además, el primer esposo de los tres que tuviera Agripina.
 
Agripina era, por otra parte, sobrina de Claudio, otro soberano del imperio que representaría así mismo un importante papel en la vida de nuestro personaje. Más tarde el propio Claudio le adoptaría al momento de casarse con la misma Agripina.
 
La educación de Nerón
 
Los primeros años de la vida de Nerón transcurrieron bajo la tutela de su madre, quien casi, desde el momento de su nacimiento, intentó convertirlo, algún día, en el emperador de Roma; cosa que logro sin muchos contratiempos, aunque sí con algunas muertes.
 
Nerón fue educado por un bailarín y un peluquero, ambos, según se cuenta, con tendencias marcadamente homosexuales y que, seguramente, no pudieron darle al infante la educación que todo un futuro soberano merecía; y, a pesar de que faltaba mucho por hacer, Agripina no perdió oportunidad alguna para ir pensando en hacer de él el futuro emperador de todos los romanos.
 
Su madre, sabemos, no era un dechado de virtudes. Sobrina del emperador Claudio -que además de vicioso no pasó de ser un simple y cándido alcornoque-, logró que éste adoptara al pequeño Nerón, no sólo para recibir la protección de tan destacada figura, sino para, en un momento dado, arrebatarle el trono.
 
Los tiempos de Nerón
 
Los tiempos de Nerón eran épocas de un tremendo caos político. Ya desde hacía muchos años, mucho antes del nacimiento de Cristo, Roma vivía en el más completo de los desórdenes. Los emperadores se sucedían unos a otros, y casi nunca por méritos propios ni por la voluntad del pueblo. Todos querían ganar.
 
Eran tiempos nada diferentes a los que hoy vivimos. La corrupción se veía por doquier.
Los poderosos llegaban a gobernar gracias a intrigas, incestos, fraudes e incluso hasta asesinatos. Hombres, mujeres, políticos y familiares se disputaban el imperio.
 
La prostitución, la homosexualidad o el lesbianismo estaban a la orden del día. Nadie daría un denario por el futuro del imperio romano. La incompetencia era lo natural. La corrupción, el entreguismo, la pobreza y la humillación era todo aquello que se veía. Y fue aquí, en este ambiente, en que nació Nerón.
 
La muerte de Claudio
 
Agripina había querido desde un principio hacer de su hijo Nerón todo un emperador. Pero había un problema: el sucesor legítimo de Claudio (ahora padre -o padrastro- de Nerón), era su hijo Británico. Ella ni se inmutó, sabía que Nerón sería el próximo emperador. Sólo tendría que aguardar.
 
Llegó el tiempo y fue así como preparó su plan. Agripina se dio mañas para conseguir de una conocida hechicera un veneno que habría de administrárselo a Claudio. Más tarde, gracias a la complicidad de uno de los criados del emperador logró que entre los hongos, uno de los platos favoritos del emperador, se le agregara el fatídico veneno.
El brebaje había sido aplicado. Claudio ni cuenta se había dado. A pesar de que los platos del gobernante eran previamente ingeridos por un esclavo, el inocente y tonto Claudio fue engañado por medio de una sutil artimaña. La astuta Agripina hizo creer a los asistentes que el emperador, debido a su embriaguez, había perdido el sentido. Llevado a sus aposentos, su muerte fue anunciada al tercer día.
 
Nerón es coronado
 
Corría el año 54. Nerón contaba apenas 17 años. Enterado por su madre del destino que le esperaba, y como si intuyera lo que tal asunto llevaba implícito, aceptó de mala gana tal propuesta, el poder que se le ofrecía.
 
En realidad a Nerón poco le interesaba ser emperador... ¿Para qué? A él, lo que le gustaba, eran los temas relacionados al arte. Nunca tuvo jamás interés por las cuestiones imperiales. Lo que él deseaba era llegar a ser escultor, pintor, o cantante; pero, emperador de los romanos, jamás. Menos aún siendo tan joven.
 
Pero Nerón ya había aceptado. El joven e imberbe gobernante era aclamado por todo el populacho, muchos de ellos (como sigue sucediendo hoy en día), acarreados: invitados con refrescos y bebidas, y la promesa de un mendrugo de pan.
 
«Ave, Nerón», «Ave, César» eran los gritos que se escuchaban. El imperio jamás había sido gobernado antes por un adolescente. Nerón estaba a punto de hacerlo.
 
Faltaba todavía, sin embargo, la aprobación del Senado. Claro, Agripina ya había asegurado prebendas y ventajas a más de 500 hombres de la nobleza, por lo cual no hubo objeciones. Nerón entraba así por la puerta de la historia.
 
Nerón contra su madre
 
Fue la vida de Nerón una existencia por demás desordenada. Como «buen hijo» adquirió los hábitos y vicios de su madre; tan pronto se dio cuenta que tenía el poder, el nuevo emperador se distinguió por los abusos cometidos contra sus semejantes.
 
Queriendo hacer uso completo y desmedido de su independencia, entendió que Agripina, su madre, era un obstáculo para ello. Había, pues, una sola salida: eliminarla. Y así lo hizo. Los dos primeros intentos fracasaron, pero el tercero tuvo el efecto deseado: la muerte de Agripina.
 
La gente de Nerón estaban dispuestos a todo. Llegaron al lugar donde se encontraba la madre de Nerón. Ella, adivinando sus intenciones, se levanta la túnica y exclama: «¡Dale al vientre! El verdugo se limita a obedecer la orden.
 
Cuando llega Nerón, mira a su madre y con rostro compungido y llanto lastimero se queda junto al cadáver por varias horas. Nerón ya había enloquecido; frecuentes alucinaciones, en que veía el rostro de su madre, le acompañarían el resto de su vida.
 
Los amores de Nerón
 
La vida amorosa de Nerón fue poco más que azarosa. Casado en el año 53, con su hermanastra Octavia, tal matrimonio nunca llegó a consumarse. No se sabe si por inapetencia de Nerón o por otra cosa. Lo que sí se sabe es que más tarde ella sería asesinada por orden del propio emperador.
Acte fue otra de sus queridas. La amó con tanta intensidad que por su propia causa, nuestro biografiado decide asesinar a su propia madre, Agripina. Luego, desplazada Octavia, acusada de haber cometido adulterio (¡para lo que en aquel tiempo se valía!), Nerón se casa con Popea.
 
Es Popea, según parece, quien más deslumbra al emperador; tal vez la mujer por la que más afecto sintió. Vendría luego Messalina (con quien se casara el año 66), y le acompañara en una gira artística. (No olvidemos que Nerón era también -o él mismo se creía- artista). Eran recorridos llenos de fiestas y de orgías donde al final de estas, hombres y mujeres terminaban en su lecho.
 
Los herederos de Nerón
 
En el año 63 (Nerón tenía 26 años) siente la alegría al saber que pronto sería padre. Popea estaba embarazada. Por fin tendría un heredero al trono. Nacería una niña, Augusta, que moriría a los tres meses. La tristeza sumiría a Nerón por un tiempo. Luego, otra cosa sería.
 
Dos años después, cuando Popea se acercaba a los 30 años de edad, ésta resulta embarazada nuevamente. No obstante, en cierta ocasión, en un arranque de celos endemoniado, Nerón patea a su mujer. A consecuencia del infame y terrible castigo, Popea muere, y también con ella el posible sucesor por línea directa de Nerón. Finalmente se casaría con Messalina (casada ya cuatro veces) quien fue quien le acompañó en su viaje y gira artística por Grecia.
 
Las costumbres y gustos de Nerón
 
Se dice que Nerón tuvo sus muy raras y extrañas costumbres; pudiéramos decir, más bien, «tendencias», «gustos» o «inclinaciones». Muerta Popea, necesitaba el calor de alguien para calmar sus ímpetus naturales. Y muy pronto se le presentó ese alguien que cumplía todos esos requisitos exigidos por el emperador; se llamaba: Esporo.
 
Esporo era un reconocido homosexual a quien Nerón hizo castrar y mandó que la practicaran una transformación de sus genitales (o sea, que lo del «cambio de sexo» no nos debe resultar tan novedoso en nuestros días como algunos lo quisieran ver). Luego, el emperador lo obligaría a vestir ropas de mujer, paseando con él, en una litera, cual si anduviese con la emperatriz, ante la mirada atónita de los romanos que pronto se acostumbrarían el ver estos actos tan bochornosos, pero que eran del encanto y fascinación sutil de los tan dados tanto a las buenas como a las malas «lenguas».
 
Circo, maroma y teatro
 
Nerón era un hombre, hasta cierto punto, despreocupado. No le interesaba para nada el gobierno; pero sí, en cambio, buscar afanosamente el cariño y el afecto del pueblo. Era como un niño, que desea hacer cosas sin saber cómo hacerlas o sin tener la menor idea de las consecuencias que éstas pudieran acarrear.
En pocas palabras, Nerón era un loco. Para conseguir el afecto de su pueblo mandó edificar su propio circo, en las inmediaciones del río Tíber. Ya existía, no obstante, el llamado Circo Máximo, donde el emperador y su séquito presidían grandes carreras de cuadrigas (esos famosos carros tirados por cuatro caballos al frente), que enloquecían a las multitudes congregadas para verlos.
Pero el pueblo estaba cansado de este espectáculo; necesitaban uno más fuerte. Querían ver sangre, necesitaban ver muertes. Nerón, entonces, en su circo, inició los combates entre gladiadores, y entre éstos y las fieras.
 
Se trataba del nuevo espectáculo, donde el pueblo quedaba satisfecho sólo cuando un gladiador daba muerte a otro, o cuando «por fortuna» el hombre perecía bajo las garras de un tigre o un león. Fue entonces que nació aquella frase conocida que alude a los programas de políticos y gobernantes tanto de aquellos tiempos como de nuestra era moderna que dan «pan, circo, maroma y teatro» a fin de apaciguar y envilecer aún más a las masas.
 
El gobierno de Nerón
 
Apasionado a los juegos de lira, Nerón aborrecía todo lo que fuera guerra. Jamás dirigió una campaña. Las guerras se sucedían sin que él se preocupara en lo más mínimo. El Senado, sin embargo, celebraba las victorias como si hubiesen sido del mismo emperador.
 
Los pleitos estaban a la orden del día. Las comunidades cristianas iban ganando adeptos. Se viene luego lo del incendio a Roma en el que algunos historiadores dicen, fue Nerón quien la mandó quemar. Otros más, se oponen a tal aseveración y argumentan que el emperador, al momento de la conflagración, se hallaba en la localidad de Anzio, cuando de pronto alguien le comunicó la noticia de que el circo y toda Roma se encontraban en llamas.
 
La muerte de Nerón
 
Los pleitos, conflictos y reyertas continuaron. La gente empezó a ver que Nerón no era propiamente un emperador. Era más bien un pobre loco al que le gustaba hacer versos, cantar, declamar y tocar la lira.
 
Una vez, estando en una campaña bélica, allá por las Galias, Nerón se encontraba plácidamente tocando su instrumento favorito: la lira. Sospechaba algo. Creía que intentaban eliminarle. Llama a sus libertos (sus guardias de cámara, vigilantes y cuidadores), pero estos no le hacen caso.
 
La mayoría de ellos ya ni se encuentran ahí. Decide entonces suicidarse. Toma un cuchillo; pero, incapaz de llevar a cabo lo planeado, llama a su esclavo, Epafrodito, quien le ayuda a cumplir su cometido. Agarra el cuchillo y clava la hoja en la garganta del emperador. La sangre brotó y con ella se fue la vida de Nerón.

 

 

LEYENDAS SOBRE NERÓN

De Nerón se cuenta que ya adolescente exhibió e hizo gala de su extraordinaria crueldad y vicio, características de toda su existencia. De nuevo es Suetonio quien resume:     

Podía excusarse su insolencia, su lujuria, su lascivia, su tacañería, su crueldad (que eran más furtivas que agresivas), diciendo que los chicos son chicos; pero al mismo tiempo está claro que éste era el verdadero Nerón, no el Nerón de la adolescencia. Tan pronto como caía la noche, se amparaba en un manto y un gorro y hacía la ronda de las tabernas o merodeaba por las calles en busca de aventuras, y no siempre inocentes, ya que una de sus diversiones favoritas era atacar a los hombres cuando se dirigían a cenar, apuñalarles si ofrecían resistencia, y dejar caer sus cuerpos en las alcantarillas. También irrumpía en las tiendas, para luego inaugurar un mercado en miniatura en el Palacio con los dioses robados, dividiéndolos en lotes, subastándolos, y gastándose el producto. Durante estas escapadas solía correr el riesgo de morir o quedar ciego. Una vez fue molido a palos por un senador cuya esposa fue molestada por él, lo cual le enseñó a no vagar más en las tinieblas sin una escolta de oficiales que le seguían a discreta distancia. De día visitaba secretamente el Teatro, en una carroza, y contemplaba las luchas en pantomima de los actores, animándoles desde el palco; luego, cuando se pegaban y se arrojaban piedras y rompían bancos, Nerón se agregaba a la diversión, arrojando objetos a la cabeza de la multitud. En una ocasión fracturó el cráneo de un pretor.

Gradualmente , los vicios de Nerón fueron en aumento; ya no trataba de reírse de ellos, disimularlos o negarlos, sino que se ufanaba de los mismos. Sus hazañas duraban desde mediodía a medianoche, con algún descanso ocasional para tomar un baño tibio o, en verano, frío. A veces, secaba el lago artificial del campo de Marte, o del circo, y allí celebraba banquetes públicos, a los que hacía asistir a prostitutas y bailarinas de toda la ciudad en calidad de invitadas. Cuando navegaba por el Tiber hacia Ostia, o realizaba un crucero más allá de Baiae, erigía un burdel temporal en la playa, donde algunas mujeres nobles, fingiendo ser alcahuetas, solicitaban reclamo...  

No satisfecho con seducir a chicos jóvenes y mujeres casadas, Nerón violó a la vestal Rubria. Casi estuvo a punto de casarse con la esclava liberada Actea, persuadiendo a algunos amigos del cuerpo consular a jurar en falso que era de origen real. Habiendo intentado convertir al joven Sporo en una mujer mediante la castración, celebró con él una ceremonia de boda, con velo nupcial y galas adecuadas al acto, a la que asistió la corte; luego, se lo llevó a sus aposentos y lo trató como a una mujer. Lo vistió con las más finas telas, como si fuese una emperatriz, y lo exhibió en su propia litera por toda Roma, besándolo amorosamente de cuando en cuando.  

La pasión que sintió por su madre Agripina era notable; pero sus enemigos no le permitieron consumarla, temiendo que, so lo hacían, ella se convertiría en la mujer más poderosa y cruel del Imperio. Por tanto, buscó una nueva amante, que se asegura era su propia imagen. En efecto, se afirma que llegó a cometer incesto con su madre cada vez que iban juntos en la litera, y el estado de sus vestiduras cuando salían de la misma lo demostraba.  

Nerón practicó todas las clases de obscenidad conocidas, y al final inventó un nuevo juego: se hacía soltar de una madriguera, ataviado con la piel de una fiera, y atacaba las partes privadas de los hombres y mujeres que estaban atados a unas estacas. Tras haberse excitado por este medio, era satisfecho por su esclavo libre Dióforo. Éste se había casado con él, tal como ya se había casado con Sporo, y la noche de bodas Nerón imitó los gritos y quejidos de una doncella al ser desflorada. Según mis informadores, estaba convencido de que nadie podía vivir sexualmente casto, aunque la mayoría de las personas disimulaban sus secretos vicios; por tanto, si alguno confesaba prácticas obscenas, Nerón le perdonaba sus demás crímenes.  

El ojo vigilante y crítico de Agripina veía cuanto decía o hacía Nerón, por lo que él intentó envenenarla tres veces, mas ella siempre se tomó un antídoto por anticipado, hasta que Nerón inventó una maquinaria en el techo de su dormitorio (el de Agripina) para que unas losas cayesen encima durante el sueño. Sin embargo, alguien dio a conocer la conjura. Luego, Nerón inventó una barca con un camarote, que o debía hundirse o caer el techo sobre Agripina. Nerón se mostró muy contento y de buen humor cuando acompañó a su madre al muelle, y hasta le besó los pechos antes de que ella subiera a bordo. Nerón estuvo en vela toda la noche, muerto de ansiedad, esperando la noticia de la muerte de su madre. Al amanecer, Lucio Agerno, un esclavo libre de Agripina, fue a comunicarle alegremente que aunque el barco se había hundido, su madre había nadado hasta la playa, por lo que no debía temer por ella. A falta de mejor plan, Nerón le ordenó a uno de sus servidores que dejara caer una daga subrepticiamente al lado de Agermo, al que acusó rápidamente de intento de asesinato. Después concretó el asesinato de Agripina, fingiendo que ésta había enviado a Agermo para matarle a él, pero suicidándose al enterarse que la confabulación había fracasado. Hay autores que aún proporcionan más detalles; parece ser que Nerón al examinar el cadáver de Agripina, movió sus piernas y brazos críticamente, y mientras bebía cínicamente, discutía sus defectos y sus bondades corporales.  

También se ha dicho que ordenó que le extirpasen el útero a Agripina para ver el sitio de donde había él salido.     

A éste siguieron innumerables crímenes. Uno de ellos fue accidental, y grande su dolor y altas sus lamentaciones por la muerte de su esposa Popea que estaba encinta, y a la que mató de una patada en el estómago.     

Mencionaremos dos de sus atrocidades: una vez convirtió en antorchas humanas a unos cristianos cautivos, usándolos para alumbrar una fiesta; y en los juegos, durante la violación de las vírgenes, se entretenía imitando sus gritos de angustia.     

Este último emperador de la línea de los Césares murió por su propia mano a los treinta y dos años; su suicidio impidió su asesinato, que era ya inminente. Galba, su sucesor, recibió la noticia con un acto que Nerón seguramente habría aplaudido:     

Homosexual (Galba), mostraba una preferencia decidida por los hombres maduros. Se dice que cuando Icelo, uno de sus compañeros de cama, le dio la noticia de la muerte de Nerón, Galba le cubrió de besos y le pidió que se desnudara sin demora; tras lo cual tuvo lugar el acto íntimo.

 

POPEA (Segunda mujer de Nerón)
 
                Popea Sabina fue hija de Tito Olio, pretor en el regimiento de Tiberio, siendo su madre una distinguida mujer también llamada Popea Sabina la Mayor.
                
                 Popea estuvo casada con Rufo Crispino con quien tuvo un hijo del mismo nombre. Luego se casó con Otón y poco después de esta unión, el propio general Otón la ofreció indirectamente a Nerón para que este la tomara por amante y poder conseguir así influencias sobre el emperador.
               
                  Muerto Británico en extrañas circunstancias (seguramente envenenado por orden de Nerón), surgieron dos grupos de presión en la corte dirigidos por Burro y Séneca por un lado y por Agripina por otro. Dos mujeres influían directamente en el emperador: su esposa Octavia vinculada a su madre (Agripina) y su amante Ates, ligada a Burro-Séneca. La relación entre Agripina y su hijo, que se había ido distanciando, culminó cuando Nerón conoció a Popea Sabina. Al obstaculizar Agripina el divorcio, Nerón la hizo matar. Poco después, Popea propuso al emperador que se divorciara de su esposa Octavia, para posteriormente exiliarla y ejecutarla, y todo ello se cumplió, en beneficio de Popea.
               
               Casado con Popea y abandonado por Séneca, Nerón inició una etapa de gobierno caracterizada por los desmanes, el libertinaje y las pasiones teatrales. Mientras, Popea se hacía famosa en Roma por su belleza y coquetería, implantando en la sociedad romana nuevos métodos de belleza, como sus baños en leche de cabra para mantener su juventud.
                 
                Popea falleció en el año 65 a causa de los malos tratos de su esposo, quien seguramente borracho y estando Popea embarazada, le dio una patada que en vientre que le provocó un aborto y su posterior muerte. Arrepentido, Nerón la enterró con grandes honores y decretó varios días festivos en su honor.
 

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AGRIPINA LA MENOR (Madre de Nerón)
 
                Agripina Hija o Agripina la Menor era hija del general romano Julio César Germánico y de su esposa Agripina Mayor. Nació el año 15 d.C. en Oppidum Ubiorum, un puesto fronterizo romano en el río Rin (Rhin) que más tarde recibió el nombre de Colonia Claudia Aria Agrippinensis (la actual ciudad alemana de Colonia) en su honor.
                 
               Se casó tres veces. Su primer marido, Cneo Domicio Ahenobarbo fue el padre de su hijo, el futuro emperador Nerón. Su segundo marido murió al parecer envenenado.
               
               En el año 49 d.C., su tío, el emperador Claudio I, se convirtió en su tercer marido convirtiéndose en emperatriz y obteniendo el título de Augusta. Mujer de gran belleza y espíritu dominador, consiguió que Claudio adoptara a Nerón como hijo y heredero, en detrimento de Británico (el hijo que tuvo Claudio con Mesalina).
               
               En el 54 d.C., se cree que Agripina envenenó a Claudio, lo que preparó el terreno para que Nerón llegara a ser emperador.
               
               Intentó gobernar a través de su hijo y en parte lo consiguió debido al agradecimiento que él le propiciaba, pero durante el año 59 d.C., cuando se opuso a su matrimonio con Popea, Nerón -instigado por ella- concibió el proyecto de matarla y finalmente, dispuso su ejecución.

 

ESPORO

 

                Eunuco de la corte de Nerón.

                Esporo fue un joven homosexual de gran belleza. Llamó poderosamente la atención del emperador Nerón, porque poseía el físico muy similar al de Popea Sabina. Era el que más se aproximaba a ella, pues así lo creía Nerón a tal punto que ordenó que lo castraran (con el permiso del joven), para quedar totalmente convertido en mujer.
 
                Se vestía como tal, se hacía pasear en litera y recibía del emperador, muestras gratas de su cariño. El pueblo romano llegó a decir cierta vez, que hubieran corrido mejor suerte si la esposa de Domicio Ahenobarbo (padre de Nerón), hubiese sido así. Luego de la muerte de Nerón, Esporo fue favorito de Otón y de Faenio Rufo. Otón (que también había estado casado con Popea Sabia antes de divorciarse) también tomó a Esporo como consorte con el nombre de Popea.
 
              

Su sucesor, Vitelio, ordenó que Esporo actuara en el escenario del teatro en el papel de una mujer que estaba siendo violada, una humillación final que llevó a Esporo al suicidio.

 

JULIA Y POLA

 

                JULIA: Madre del poeta Lucano. Hija de un conocido orador llamado Marco Anneo Mela, hermano de Séneca. (No se disponen de más datos históricos referenciados salvo los referenciados en la biogragía de Lucano)

                     Esposa del poeta Lucano (No se disponen de más datos históricos referenciados en la biografía de Lucano)